domingo, 8 de septiembre de 2013

Transformarse


Se dice que un río, después de un trayecto recorriendo montes y campos, llegó a las arenas de un desierto y, de la misma forma que había intentado cruzar otros obstáculos que había hallado en el camino, empezó a atravesarlo. Pero sucedió que sus aguas desaparecían en la arena tan pronto como entraba en él. Aun así, estaba convencido de que su destino era cruzar el desierto, pero no hallaba forma de hacerlo. Entonces oyó una voz que decía:
- El viento cruza el desierto y también lo puedes hacer tú.
- Pero el viento puede volar y yo no. Las arenas me absorben.
- Si te lanzas con violencia como has hecho hasta ahora -continuó la voz-, no conseguirás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes dejar que el viento te lleve a tu destino.
- Pero, ¿cómo es posible esto?
- Debes consentir ser absorbido por el viento.
Esta idea no le agradó al río. Él nunca había sido absorbido y no quería perder su individualidad. Él un río caudaloso, ¿dejarse absorber por alguien tan simple?
- El viento cumple su función. eleva el agua, la transporta a su destino y la deja caer en forma de lluvia. El agua vuelve nuevamente al río.
¿Pero no puedo seguir siendo siempre el mismo río que soy ahora?
- Tú no puedes en ningún caso permanecer así -continuó la voz-, tu esencia es transportada y forma un nuevo río.
El río no veía claro, pero tampoco quería ser pantano o desaparecer. Así es que, en un acto de confianza, elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, quien, gentil y amoroso lo elevó hacia arriba y lejos, volviéndole a dejar caer arriba de la montaña, muchos kilómetros más allá.
- Mi esencia es el agua, sea en el estado que sea. La transformación me ha permitido continuar siendo el mismo. Si no me hubiera transformado me hubiera perdido -pensaba el río.

No hay comentarios:

Publicar un comentario