sábado, 19 de octubre de 2013

El buen trato tiene un beneficio


Tratar bien a todos...
Cuentan que en una noche tormentosa, hace muchos años, un hombre y su esposa entraron en el vestíbulo de un pequeño hotel en Filadelfia. No llevaban equipaje.
         --Todos los grandes hoteles están llenos—dijo el hombre--. ¿Podría darnos una habitación aquí?
El empleado contestó que había tres convenciones en la ciudad y sin duda por eso no quedaba nada libre en ninguna parte.
         --Están ocupadas todas las habitaciones –explicó--, pero no puedo enviar a un matrimonio tan agradable como ustedes a la calle, bajo la lluvia y a la una de la madrugada. ¿Me harían el favor de dormir en mi habitación?... Oh, yo ya me las arreglaré; no se preocupen por mí.
A la mañana siguiente, al pagar la cuenta, el anciano dijo al empleado:
         --Usted es el tipo de administrador que debería dirigir el mejor hotel de los Estados Unidos. Tal vez algún día construya uno para usted.
El empleado se echó a reír. Y volvió a reírse, un día, al cabo de dos años, al recibir una carta que contenía un boleto de ida y vuelta a Nueva York y la petición de que fuera a visitar a su invitado de aquella noche lluviosa. Ya en la Metrópoli, el viejo llevó al joven empleado a la esquina de la Quinta Avenida y la calle Treinta y Cuatro y señaló un enorme edificio nuevo, un palacio de piedra rojiza con torres y atalayas, como un castillo de cuento de hadas, contra el cielo de Nueva York.
         --Ése –dijo—es el Hotel que acabo de construir para que usted lo dirija.
Como atacado por un rayo, el joven George C. Boldt quedó clavado en el suelo. Su benefactor era William Waldorf Astor y el hotel, el más famoso de su época: el original Waldorf Astoria.

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