jueves, 3 de octubre de 2013

Eutanasia


“De verdad que hoy fue un día interesante en la escuela”, le dijo Andrés a su mamá quien estaba ocupada limpiando el refrigerador.
“¿Verdad?”, preguntó la madre. “¿Qué hiciste hoy?”
“Tuvimos una charla acerca de la eutanasia”, dijo Andrés. “Yo pensaba que la eutanasia era un grupo de la China”.
La madre se rió. “Cuéntame más de esa charla”.
“Bueno, la señorita García, mi profesora, nos preguntó qué debiéramos hacer con las personas mayores en nuestro país, explicó Andrés. Ella quiere que escribamos acerca de qué creemos que se debe hacer. Nos dijo que algunas personas piensan que debemos dejar de pagar por el cuidado de estas personas y dicen que debemos ponerlos a dormir con una droga cuando llegan a viejos y ya no son útiles, a lo cual llamó muerte digna. Eso es lo que es la eutanasia”.
“¿Y qué es lo que vas a escribir?”, le preguntó la mamá.
“No sé”, contestó Andrés. “Yo pienso que está mal, pero la gente a favor de la eutanasia dice que las personas mayores no quieren vivir”.
La madre se quedó pensando por un momento mientras limpiaba el estante del refrigerador. Luego sacó una naranja del refrigerador y se la pasó a Andrés. “Antes de que te pongas a escribir, ¿por qué no tomas una merienda?”, le propuso. “Cómete esta naranja”.
“¡Mamá!” exclamó Andrés. “¿Por cuánto tiempo ha estado esto allí? ¿Cinco años? Está vieja y de color café y toda arrugada”.
“Pártela y ábrela”, le propuso la madre. Andrés obedeció y con gran asombro encontró que la naranja estaba jugosa y dulce.
“Está deliciosa”, le dijo.
“Vaya, y estuviste a punto de botarla; te hubieras perdido de una delicia”.
“Mamá, ¿estás tratando de decirme algo con esta naranja?”, le preguntó Andrés receloso. “Cuando hagas tu escrito sólo quiero que recuerdes que viejo no significa inútil”, le dijo la mamá.

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