viernes, 8 de noviembre de 2013

Facilitador, ¿Qué me habita?

Esta herramienta terapéutica consiste en analizar con profundidad las sensaciones  que se experimentan en diferentes momentos, para nombrarlas y manejarlas, hasta llegar a aquello que las causa.

1. Conectarse consigo mismo
Tomar un posición que permita tener un círculo cerrado de energía. Pies sobre la tierra, manos sobre las piernas, respiración profunda que haga que el aire llegue hasta el estómago.
2. Hacer el inventario
Con los ojos cerrados se hace el inventario de lo que pasa por dentro: ideas, imágenes, voces, sonidos, dolores físicos, sensaciones…
Hay que dejar en claro que para trabajar no ayudan las imágenes, ni las ideas…Hay que ir a la sensación que eso produce. "¿Qué sensación me produce(n) esta(s) imagen / voces?”. Siempre hay que ir a la sensación.
3. Ser escogido por la sensación
¿Cuál se me impone? ¿Cuál me está diciendo “yo…yo..”?
Tiene que ser algo que tenga resonancia corpórea, no con una idea, o algo artificial.
Se requiere tener los ojos cerrados.
4. Volumen y ancla
Al contactar la sensación se le da todo el volumen que se pueda hasta hacerla crecer.
Se amplía la imagen para observar sus detalles, como si le aplicáramos un microscopio.
Se utiliza la hiperventilación -rápida con nariz y pecho- si es una sensación negativa, o la respiración honda -con boca y estómago- si es una sensación positiva.
También puede ayudar hacer los ruidos propios que acompañan a la sensación -quejidos, sollozos….).
Escoger un ancla: "¿En dónde mi cuerpo está resonando esa sensación?”. Ayuda colocarse la mano ahí donde está la sensación para mantenerse en contacto, evitando irse a la cabeza.
El ancla puede desplazarse horizontal o verticalmente, lo importante es dejarse llevar por ella.
5. Maniobrar con arte
Se explora la sensación…se estira…como si se amasara.
Es el momento de escribir o grabar…dejarse llevar…sin levantar los ojos ni el lapicero…sin detenerse.
Ayudan las preguntas como: ¿Qué siento? ¿Cómo lo siento? ¿En dónde lo siento? ¿Hasta dónde lo siento? ¿Qué es? ¿Quién es?
Evitar la pregunta ¿Por qué?. No usar los verbos de lógica racional: quiero, pienso, creo, digo…
Procurar los verbos de la lógica de la sensación: siento que…, me gusta…, me duele…, experimento, me llega, sufro, estoy harto de…
También se pueden usar circunloquios -darle vuelta a las cosas- “es como si…”.
Las preguntas son para ayudar, para desatorar o abrir el cause.
Para “recoger” lo que ha quedado a los lados de la “molienda” pueden ayudar las preguntas: “¿Qué es lo más feo/bonito de esta sensación? o ¿Cómo me sentiría si no hubiera esta sensación?
6. Cambio de plano
Llevar la sensación a otros planos, al pasado. “¿Cuándo experimenté esto antes? ¿en qué otra ocasión experimenté algo similar? ¿en qué otro momento me he sentido así?”.
La clave está en hablar en presente, pues el inconsciente no tiene pasado, es actual siempre.
Se va cambiando de plano hasta donde lo permita la sensación: el objetivo es ir cada vez más profundo para buscar el camino hacia la herida, hacia la parte vulnerada y permitir el drenaje. Este drenaje tiene algo de desahogo, pero si también me da una luz sobre las casualidades sé que estoy haciendo ya un análisis con profundidad.
7. Aprendizaje
Cuando ha cesado la sensación se analiza con la lógica de la razón. Se hace el NER -novedad, énfasis, relación-.

Cabarrús, C.R.
Crecer bebiendo del propio pozo, pp. 66-68 

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