domingo, 10 de noviembre de 2013

Las sombras

Las sombras no tienen que ver con las heridas, no nacen de ella, pero se convierten para la persona en un punto oscuro. Son una parte de la realidad personal con la que siempre se va a topar y que, por tanto, tiene que integrarse. Pueden confundirse con lo vulnerado, pero no es lo vulnerado. Por eso están en el paso de la herida al pozo.
Dice Jung: “la sombra es tan sólo un poco inferior, primitiva, inadaptada y torpe. Incluso contiene cualidades infantiles o primitivas que en cierto modo podrían vitalizar y embellecer la existencia humana, pero, ¡las costumbres lo prohiben!”.
Generalmente las sombras son positivas pues son una cualidad dormida, o una limitación a la que se le puede sacar algo positivo. Es algo que no satisface plenamente pero ahí está y es necesario asumirlo para redimirlo.
La sombra se integra cuando se ve dónde está y se le saca lo positivo.
Cuando vuelve a surgir es porque requiere ser nuevamente integrada para seguir avanzando en el proceso de crecimiento personal.
Las sombras pertenecen al inconsciente, desde la perspectiva jungiana: el inconsciente constituido por fuerzas positivas que están todavía por despertar.

El proceso de individuación para ser persona
1. Etapa de la integración de la sombra. 
El inconsciente dice “ahora” por medio de los sueños -momentos del desarrollo- o las sincronicidades -hechos y personas que suceden en un momento-.
Si no se trabajan las sombras, éstas alimentan el poder oculto del lado oscuro de la naturaleza humana.
2. Etapa de la integración del ánima-ánimus, femenino-masculino.
3. Etapa del encuentro consigo mismo. Es la identificación con el yo más profundo. Es el descubrimiento del manantial.
Se desdoblan dos dimensiones cruciales:
3.1. La relación con la sabiduría -diferente al conocimiento-.
Sabiduría tiene la misma raíz que saborear: saber saborear las cosas profundas, aprender a valorar lo que realmente vale. Se da generalmente en encuentros con personas que invitan a lo bueno, a lo verdadero, aquellas que hacen que surja lo mejor de mí mismo.
3.2. Dimensión de la relación con lo divino. Lo luminoso, algo que no se conoce y que, sin embargo, atrae: “El Dios dentro de nosotros”, que diría Jung.

Tipos de sombra:
Aspectos ocultos e inconscientes de sí mismo, tanto positivos como negativos, que el yo ha reprimido o nunca ha reconocido.
- Sombra metafísica: miedo a la enfermedad y a la muerte, a la vejez, a la soledad.
- Sombra corporal: aspectos físicos-corporales, hechos de salud, lo que no gusta, lo que no se acepta.
- Sombra psicológica: la estructura de la personalidad ansiosa, depresiva, maníaco-depresiva. La identidad sexual -aceptación del género masculino o femenino-. Malos funcionamientos de las diferentes dimensiones -por usarlas demasiado o no usarlas-: de la inteligencia, la voluntad -voluntarismo / abulia- y la sensibilidad -hipersensible / insensible-.
- Sombra teologal: Dificultad para entender y aceptar la condición humana. “No hago el bien que quiero y lo que no quiero lo hago” (Rom. 7,15).
- Sombra de las opciones y sus consecuencias: Matrimonio / Vida consagrada.
- Sombras Socio-Políticas-Económicas: el género, la etnia, la condición social de la familia.
- Sombras de las cualidades: A veces la mejor cualidad se vive como sombra porque no se ha integrado. En ocasiones sólo se ve el lado negativo y no las potencialidades.
- Sombra del demonio-genio del tipo eneagrámico: Cada tipo tiene su propia dualidad, por ejemplo: al demonio de la intolerancia del uno, le viene el genio de la capacidad de organización; al chantaje del dos, descubrirle su capacidad de amar a los demás; a la hostilidad del tres, detectarle su capacidad de construir la propia imagen; a la enajenación del tipo cuatro, resaltarle la capacidad de sensibilidad; al aislamiento del cinco, destacarle la capacidad de sabiduría; a la dependencia del seis, sacarle la capacidad de apoyarse en estructuras; a la dispersión del siete, descubrirle la capacidad de entretenerse; a la violencia del ocho, detectarle la capacidad de manejar el poder; a la negligencia del nueve, despertarle la capacidad de conciliación.

Cabarrús, C.R., pp. 146-150 

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