sábado, 9 de noviembre de 2013

Proceso vulnerado: Heridas, Miedos, Compulsiones

- Cuando una persona es concebida, de ordinario nace bien; pero puede sucederle algo negativo durante el período de gestación, en el momento del nacimiento o en los primeros momentos de contacto con el mundo exterior, que le deja marcada para la vida.
- Es decir, la herida puede gestarse desde el seno materno. Ésta puede ser la razón por la que en ocasiones no se recuerda la causa de los acontecimientos negativos de la infancia.
1. Las heridas son la huella de la parte vulnerada. Desde el nacimiento hasta los siete años, la persona es muy susceptible de quedar marcada por heridas.
La herida se produce por un golpe de algo que fue negado y a lo que se tenía derecho, o también por un exceso o exageración. Igualmente, por la repetición constante de hechos menos intensos.
A la persona se le hiere desde el seno materno hasta aproximadamente los siete años -hasta que tiene uso de razón-. Después de los siete años está la protección de los mecanismos de defensa.
Cuando se nace y durante los primeros años de vida, se tiene una necesidad fundamental: la necesidad de ser reconocido(a). La no satisfacción de la necesidad toma forma como:
+ No me reconocieron en mi identidad, por lo que era. No me aceptaron.
+ No me sentí amado por lo que era sino por lo que hacía. No me amaron gratuitamente.
+ No me atendieron, me abandonaron. No tuvieron tiempo para mí.
+ No me tocaron adecuadamente. No recibí el contacto físico que necesitaba.
+ No me creyeron. No me escucharon.
+ No apostaron por mí. No creyeron en mis capacidades, no me estimularon.
+ No era como otros. Me compararon.
+ No me dieron un rol, un rol, un papel, era un número.
+ No tuve seguridad, estabilidad. Viví en zozobra.
- La herida es multicausal: actitudes de los padres, frases, exigencias superiores a la edad, ser dejado al cuidado de varios miembros de la familia, ironías, burlas, chantajes y sobreprotección; ambientes inhóspitos, económicamente precarios, insalubres, violentos o de guerra; momentos de intenso dolor, y pérdidas afectivas tempranas; relaciones edípicas con los padres y del mismo sexo, etc.
- De las heridas surgen unos miedos básicos y de cada miedo, surge una compulsión específica (asociada con los caracteres del eneagrama).

Eneagrama Miedo Compulsión
1 A que me condenen Perfecccionismo
2 A que no me quieran Servicio
3 Al fracaso Logro de éxito
4 A que me igualen, a que me vean como a los otros Ser diferente
5 Al vacío, a sentirme sin nada, solo Ávido de conocimiento
6 A que me abandonen, a no estar con el grupo Norma
7 Al dolor Placer
8 A la debilidad, a la ternura. A mostrar que no puedo Poder
9 Al conflicto Armonía

- La herida es el punto de partida para la culpa original, expresada así: Hay algo malo en mí. Yo soy el malo. Esta culpa original potencia la culpa malsana.
- Cuando se registran las heridas, el inconsciente gesta los mecanismos de defensa: represión, negación, formación reactiva, desplazamiento, evasión, proyección, justificación, compensación y regresión. “Yo hago un muro para que no me golpeen más”.
- En este muro existen unas grietas por las que se filtra la parte vulnerada: heridas, miedos -reacciones desproporcionadas-, compulsiones; que se aferran a los mecanismos de defensa para protegerse. Además, la parte vulnerada puede salir simbólicamente por los sueños.
- La compulsión es un acto repetitivo para escapar de los miedos. Es contrafóbico (contrario al miedo básico). Pero todas las compulsiones son evidencia del miedo que las generó.
- Las compulsiones generan, además, una imagen distorsionada de Dios, un fetiche: perfeccionista, que exige sacrificios, ídolo de los méritos y el éxito, intimista, manipulable, juez implacable, ídolo del hedonismo, ídolo todopoderoso e ídolo obsesivo sexual.
- Las reacciones desproporcionadas agrandan, sobredimensionan, la herida que le hicieron a la persona cuando era niño y hace que la vea por todas partes. 
En síntesis:
* De la herida brota la sobredosis de lo mismo: Reacción desproporcionada.
* De los miedos brota la actuación contraria a lo que siento: Compulsión.
* De la herida brota el sentirme responsable de haber sido herido: Culpa original.
- Las compulsiones, las reacciones desproporcionadas y la culpa original son caldo de cultivo para la culpa malsana, es decir, el remordimiento que lleva a la negación del autoperdón, y por tanto, incapacita para experimentar la misericordia de Dios.
- Todo este proceso vulnerado, provoca la baja estima.

Cabarrús, C.R.

120-124 

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