martes, 31 de diciembre de 2013

Año Nuevo, ¿vida nueva?

Antes de comenzar un nuevo año civil -2014- seguramente que muchos de nosotros hemos renovado nuestro repertorio de propósitos para obtener.
Soñar con los ojos cerrados nos da la cordura necesaria para enfrentar la realidad con los ojos abiertos. Soñar con los ojos abiertos se llama creatividad y es una cualidad escasa en nuestros tiempos de repetición y plagio. Soñar con los ojos abiertos es necesario si quieres ir más allá de los horizontes que se ven a lo lejos. Pero además de ese sueño hay que poner a funcionar los hábitos de las conductas positivas: constancia, esfuerzo, etc. Sueña con los ojos cerrados y sueña con los ojos abiertos, que ambas acciones son sanas, necesarias y de cuerdos. Enfermizo es dejar se dormir o dejar de imaginar. Matar la creatividad equivale a ruborizar o mecanizar el funcionamiento de nuestra persona. No permitas que este 2014 se convierta en un tiraje de 365 fascículos idénticos.
Aquí un relato de Ramiro A. Calle para refrescar el sentido y las implicaciones de echar a volar la imaginación con los deseos.

El devoto cínico

Le gustaba aparentar que era un hombre muy religioso y envanecerse de su rectitud moral. A veces, para impresionar a los demás y alardear de su espiritualidad, declaraba: —Daría veinte años de vida por alcanzar la sabiduría definitiva.
Y cierto día pasó por allí un gran maestro al que todos consideraban tan avanzado espiritualmente que si uno de verdad seguía sus enseñanzas, podía hallar en esta vida la realización espiritual definitiva. Llegó a sus oídos que un hombre de la localidad iba asegurando que daría veinte años de vida por alcanzar la liberación, por lo que le hizo llamar y le dijo:
—Estoy deseando encontrar alguna persona que de verdad quiera iluminarse y esté dispuesta a sacrificarse cuanto sea para ello. He escuchado que darías veinte años de vida por alcanzar la Sabiduría. Yo te aseguro, amigo mío, que puedo conseguir que la consigas, pero ¿de verdad estás dispuesto a dar veinte años de vida?
—Sí, por supuesto... –afirmó sin pausa el devoto– de la vida de mi mujer.

Reflexión

Llenamos nuestras vidas de buenas intenciones y toda clase de propósitos y proyectos, pero ¿adónde van a dar? Los dejamos sobre el abismo y la mayoría de ellos no se materializan, porque hay que distinguir entre la comprensión de superficie, que no es tal, y la verdadera comprensión, que es la que impulsa a proceder en consecuencia. No basta con proponerse un objetivo, sino que hay que poner los medios hábiles para hacerlo posible. Decimos querer cambiar, pero no hacemos nada eficiente para lograrlo. No hay ningún caso de una persona que se acueste por la noche de una manera y se levante de otra. El cambio interior sólo sobreviene mediante el esfuerzo bien dirigido, la disciplina y el autoconocimiento. Para poder conquistar la paz interior, hay mucho que perder: agitación, envidia, celos, rabia, enfoques incorrectos, avidez, odio... Muere una parte de uno para que aflore la más fértil. Para liberarse, sí, hay que dar a veces veinte años de la propia vida: veinte años de ejercitamiento para liberar la mente de sus ataduras. Buda dio seis, Jesús otro tanto o más, Mahavira también y lo mismo Pitágoras. La senda hacia la Liberación es gradual y, como nadie puede recorrerla por uno, no existe otra posibilidad que hollarla uno o seguir empantanado en el doloroso terreno de la ignorancia.

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