jueves, 12 de diciembre de 2013

Las tres pipas


Una vez un miembro de la tribu se presentó furioso ante su jefe para informarle que estaba decidido a tomar venganza de un enemigo que lo había ofendido gravemente. Quería ir inmediatamente y matarlo sin piedad.

El jefe lo escuchó atentamente y luego le propuso que fuera a hacer lo que tenía pensado, pero antes de hacerlo llenara su pipa de tabaco y la fumara con calma al pie del árbol sagrado del pueblo.

El hombre cargó su pipa y fue a sentarse bajo la copa del gran árbol.

Tardó una hora en terminar la pipa. Luego sacudió las cenizas y decidió volver a hablar con el jefe para decirle que lo había pensado mejor, que era excesivo matar a su enemigo pero que sí le daría una paliza memorable para que nunca se olvidara de la ofensa.

Nuevamente el anciano lo escuchó y aprobó su decisión, pero le ordenó que ya que había cambiado de parecer, llenara otra vez la pipa y fuera a fumarla al mismo lugar.

También esta vez el hombre cumplió su encargo y gastó media hora meditando.

Después, regresó a donde estaba el cacique y le dijo que consideraba excesivo castigar físicamente a su enemigo, pero que iría a echarle en cara su mala acción y le haría pasar vergüenza delante de todos. Como siempre, fue escuchado con bondad, pero el anciano volvió a ordenarle que repitiera su meditación como lo había hecho las veces anteriores.

El hombre, medio molesto pero ya mucho más sereno, se dirigió al árbol centenario y allí, sentado, fue convirtiendo en humo su tabaco y su coraje.

Cuando terminó, volvió al jefe y le dijo: "Pensándolo mejor, veo que la cosa no es para tanto. Iré donde me espera mi agresor a dialogar con él. Creo que recuperaré un amigo y, seguramente, se arrepentirá de lo que ha hecho".

El jefe le dio dos cargas de tabaco para que fueran a fumar juntos al pie del árbol, diciéndole: "Eso es precisamente lo que tenia que pedirte, pero no podía decírtelo yo; era necesario darte tiempo para que lo descubrieras tú mismo".  

Amigo mío: “Nunca tomes decisiones importantes cuando estés emocionalmente alterado. Mejor deja pasar la tormenta. Espera la paz de los mares del alma y, allí, en medio del silencio, decide”.

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