domingo, 19 de enero de 2014

El giro interpretativo en psicoterapia

- Durante el siglo XX las psicoterapias siguieron manteniendo relación con el modelo médico que habla de “enfermedades mentales”, y de una “práctica clínica” utilizada para “sanar” o “curar” al individuo; no obstante, en las últimas décadas las nuevas prácticas parecen montadas en otras tendencias, especialmente identificadas con la tradición vinculada a la conversación, a la charla amena y reconfortable, al "diálogo hermenéutico” como experiencia del mundo.
En esta tradición existen “entrecruzamientos” -apropiación-rechazo, confianza-extrañeza, pregunta-respuesta- dentro de los cuales opera el “acontecer hermenéutico”, el diálogo.
Es un tradición ligada a la filosofía, de donde surgió la psicología, lo que a su vez podría ser un reencuentro con la literatura, la hermenéutica, y en general, con las ciencias humanas.
Dentro de esta tradición conversacional prácticamente todas las personas compartían los mismos códigos sociales, valores o sistemas de significado, por lo cual podríamos presumir que los “consejos” o “recomendaciones” se hacían dentro de la misma "estructura lógica” o “construcciones” predominantes. Era otro punto de vista pero siempre dentro del mismo sistema general.
¿Cuál sería la diferencia entre las charlas informales y las conversaciones terapéuticas de corte narrativo que están empezando a surgir? En términos generales podemos decir que es la misma costumbre social de conversar, tradición que, por cierto, se relaciona con una de las principales modalidades sociales para la producción, mantenimiento y modificación de la realidad social. Sin embargo, el contexto social contemporáneo está cambiando y, con él, las relaciones, lo que a su vez, influye en las conversaciones. Este cambio es consecuencia de la influencia del mundo occidental, por la globalización de los sistemas políticos, sociales y de comercio, pero, sobre todo, por la mundialización de los medios de comunicación. Es una nueva condición social que favorece los nuevos “juegos de lenguaje” y, con éstos, las conversaciones terapéuticas de nuevo cuño.
A diferencia de las tendencias modernistas de “interpretar” o “ajustar” la problemática del “paciente” desde una perspectiva “clínica” o “científica” preconcebida al margen de las características contextuales de la problemática de las personas, las nuevas tendencias en psicoterapia al parecer están rescatando la tradición conversacional que podríamos identificar con los “juegos de lenguaje” wittgensteinianos o con el “círculo de comprensión” de Gadamer.

- Podemos identificar dos vertientes de conversación terapéutica:
* la relacionada con el derecho a mantener el comportamiento en cuestión y/o el sistema de significados predominante; y
* la relacionada con el derecho a modificar el comportamiento y/o el sistema de significados.
La primera posibilita la convivencia de los diferentes puntos de vista, así como del respeto y la tolerancia hacia la diferencia y la pluralidad.
La segunda nos habla de la idea de que nuestro punto de vista es una construcción social, histórica y culturalmente heredada -con reglas ajenas al hombre o inconscientes- y que, por tanto, puede ser modificada, ampliada o abandonada para intentar pensar de otro modo.
Así que, aunque todas las prácticas terapéuticas han puesto el acento en el “cambio”, aquí quisiera llamar la atención en otro lado: en la decisión última de las personas para su liberación y cultivo de sí mismo (crecimiento / desarrollo); decisión que, en mi opinión, podría llegar a incluir la posibilidad del no-cambio.
Por eso, más que “aconsejar” o de hablar del cambio por el cambio, las nuevas conversaciones terapéuticas tienen la posibilidad de ayudar a las personas a escudriñar sus propios juegos de lenguaje, a hacer visibles los sistemas de significado involucrados, y a tratar de analizar las implicaciones personales, familiares y sociales que conlleva “jugar estos juegos”, en su tendencia a más largo plazo.
Son conversaciones que tienen la posibilidad de analizar los sistemas de significado adyacentes -compatibles o suplementarios- al predominante; sobre la relativización de la experiencia dominante, sobre la deconstrucción del andamiaje conceptual del sistema de significados imperante, sobre el análisis de los recursos personales, de pareja o familiares disponibles, y sobre la viabilidad que tienen para adquirir otros más “apropiados” a sus necesidades y requerimientos.
Para lograr esto es importante tener en cuenta que  no es necesario estar adheridos a una historia invariante o definitiva y sobre todo, que él mismo puede generar los cambios pertinentes de acuerdo con las características particulares de sus propios procesos y contextos. De manera natural, este talante nos remite a las controvertidas afirmaciones del "todo sirve” y “todo vale” identificadas con la postmodernidad.
Coincidimos con Feyerabend al enfrentar esta controversia cuando dice “todo vale…si con ello se consigue el progreso”, frase que restringe mucho más de lo que liberaliza. En la práctica hay límites imposibles de rebasar, como el caso de algunos determinantes culturales sobre todo en el ámbito de la legalidad o de la moral prevaleciente. Y en el caso del “todo sirve” lo usa para hablar de la metodología, para sustentar la teoría anarquista del conocimiento: “Mi tesis es que el anarquismo estimula el progreso…un método fijo, o la idea de una teoría fija de la racionalidad, descansan sobre una concepción excesivamente ingenua del hombre y de su entorno social”.
Por lo anterior, considero la posibilidad de que se puedan “trabajar” en psicoterapia con las diferentes perspectivas existentes dentro del particular momento histórico y contexto sociocultural de las personas que asisten a psicoterapia, sobre todo si esto favorece re-conceptualizar una determinada “realidad” y, al mismo tiempo nos permite generar nuevas, más amplias y satisfactorias alternativas de vida. Finalmente, es la posibilidad de ampliar los márgenes de libertad de las personas.

El giro interpretativo en psicoterapia
pp. 57-65 

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