viernes, 3 de enero de 2014

El velo

Cuenta la historia que hace mucho tiempo los chinos retaron a los griegos para decidir quiénes de ellos eran los mejores pintores. El Rey, para resolver la cuestión, los encerró en sendos aposentos preparados al efecto uno frente al otro y les ordenó que demostrasen su arte. Cada grupo se afanó en llevar a cabo sus habilidades artísticas. Los chinos día a día solicitaban más cantidades de colores para embellecer su habitación, mientras que los griegos nunca demandaban nada. Los dos equipos trabajaban en el mayor secreto y silenciosamente hasta que por fin los chinos con boato anunciaron el fin de su trabajo. El Rey convocó a toda la Corte y se dirigieron a contemplar la obra de los chinos, quedando impresionados por la cantidad de dibujos, esplendor de la pintura y delicadeza de los colores. Los griegos, por su parte, que no habían pretendido pintar sus paredes sino todo lo contrario, habían centrado su esfuerzo en eliminar cualquier color, mancha o suciedad, retirando el velo que cubría sus muros. Para sorpresa y admiración de todos los asistentes, la variedad de colores se vio reflejada con mayor belleza y delicadeza en los paramentos de la sala griega iluminada intensamente por el sol radiante de mediodía.

El trabajo que tenemos que hacer para con nosotros mismos no es otro que el de pulir el espejo de nuestro corazón, para así poder reflejar las cualidades divinas.


Carrión, Salvador A.
Eneagrama y P.N.L.
pag. 54 

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