martes, 28 de enero de 2014

La obra maestra


El monarca le pidió a un buen número de sabios que le realizaran una obra fabulosa y sin precedentes sobre la historia del ser humano. Pasados muchos años, los sabios se presentaron ante él con un centenar de gruesos volúmenes y le dijeron:
—Aquí hemos incluido la historia del ser humano. El monarca hizo un gesto de desencanto y dijo: 


—No me queda vida para leer tal número de volúmenes. Tenéis que condensar este conocimiento.
Pasaron tres años más y los sabios presentaron diez volúmenes ante el monarca, que dijo:
—No, no tengo tiempo de leer tantos volúmenes. Por favor, esforzaos más y sintetizad.

Pasados dos años, regresaron los sabios con cinco volúmenes.
—Ya no me queda casi tiempo –se condolió el rey–. La vida pasa y lleváis muchos años tratando de hacer esa obra que se refiere a la historia del hombre. No tengo tiempo. Esforzaos por sintetizar más. Si nos os dais prisa, moriré antes de ver acabada esa obra.
Entonces un desconocido se adelantó y dijo:
—Señor, perdonad mi intromisión. Soy un yogui y os puedo resumir, como deseáis, en pocas palabras la historia del ser humano.
El rey le miró sorprendido y dijo:
—Si de verdad podéis, hacedlo. ¿Cuánto tardaréis en escribir la obra?
—No necesito escribirla, señor. La tengo bien presente en mi cabeza.
—Habla, pues, desconocido.
Y el yogui dijo:
—Majestad, la historia del hombre es que nace, vive entre el placer y el sufrimiento, y muere.

Minutos después de escuchar esas palabras, el monarca, complacido por el resumen, murió.

La humanidad y cada uno de nosotros pereceremos algún día. El miedo a la proximidad de la muerte puede ser la última resistencia para abandonarse a este momento natural. El ciclo vital que un día se abrió, un día se cerrará y la comprensión clara de esto es suficiente para dejar de pelear con fantasmas.

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