miércoles, 19 de febrero de 2014

Los falsos maestros

A menudo los falsarios y embaucadores tienden a asociarse. Éste es el caso de tres falsos maestros que se habían unido para apoyarse unos a otros con sus respectivos embustes y explotar a los incautos. Con sus túnicas de primorosa seda, sus luengas y respetables barbas y sus conocimientos de las Escrituras, eran capaces de deslumbrar a las gentes sencillas y así conseguir dinero, celebridad y poder. 
Uno de ellos aseveraba que había hallado el elixir de la inmortalidad, y que un día se decidiría a compartirlo con los demás; el segundo aseguraba que era capaz de levitar y que les mostraría tal proeza a aquellos aspirantes espirituales que realmente se lo merecieran; el tercero afirmaba ser un formidable clarividente y ver todos los peligros que ocultaba el futuro. De este modo, estos charlatanes se aprovechaban sin ningún escrúpulo de la ingenuidad de sus devotos y conseguían pingües beneficios. Pero el destino es insondable e impredecible, y antes o después demuestra su inexorable poder.


Para evidenciar aún más su santidad, los tres supuestos maestros anunciaron a bombo y platillo una larga peregrinación a pie y se pusieron en marcha. Iban por un camino serpenteante, bordeando un profundo precipicio, cuando se produjo un desprendimiento de tierra y cayeron al abismo encontrando la muerte. 
El clarividente nada había visto, el que podía levitar no flotó en el aire y el que había conseguido la pócima de la inmortalidad fue el primero de ellos en morir. Ninguno de los tres pícaros pudo burlar el destino. 

Ramiro A. Calle

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