jueves, 13 de marzo de 2014

Ahora déjalo como estaba


Cuando era joven, mi carácter fuerte, impulsivo y explosivo, me hacía reventar en cólera a la menor provocación.
La mayoría de las veces, después de uno de estos incidentes, me sentía avergonzado y me esforzaba por consolar a quien había dañado. Un día mi maestro, quien me vio dando excusas a un compañero de salón después de una explosión de ira, me llevó a un aula, me entregó una hoja de papel lisa y me dijo:

¡Estrújalo!".

Asombrado, obedecí, lo arrugué e hice con él una bolita. Luego me dijo:

"Ahora, déjalo como estaba antes"

Por supuesto que no pude dejarlo como estaba. Por más que traté, el papel quedó lleno de pliegues y arrugas.

El profesor me dijo: "El corazón de las personas es como este papel. La impresión que dejas en ellos, será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues que has hecho en el papel”. 

Así aprendí a ser más comprensivo y paciente. Cuando siento ganas de estallar, recuerdo ese papel arrugado.

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