domingo, 11 de mayo de 2014

¿Dónde buscas a Dios?

“Usted perdone”, le dijo un pez a otro, “es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado. “El Océano”, respondió el viejo pez, “es donde estás ahora mismo”. “¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano”, replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar a otra parte.

¿Dónde buscas a Dios?

Un discípulo se acercó al Maestro, vestido con ropas sannyasi y hablando el lenguaje de los sannyasi: “He estado buscando a Dios durante años en todas las partes  donde Él mismo ha dicho que está: en lo alto de los montes, en el centro del desierto, en el silencio de los monasterios y en la choza de los pobres”.

“¿Y lo has encontrado?”, le preguntó el Maestro.
“Sería un engreído y un mentiroso si dijera que sí. No; no lo he encontrado. ¿Y tú?”

¿Qué podía responderle el Maestro? El sol poniente inundaba la habitación con sus rayos de luz dorada. Centenares de gorriones gorjeaban felices en el exterior, sobre las ramas de una higuera cercana. A lo lejos podía oírse el peculiar ruido de la carretera. Un mosquito zumbaba cerca de su oreja, avisando que estaba a punto de atacar… Y sin embargo, aquel buen hombre podía sentarse allí y decir que no había encontrado a Dios, y que aún estaba buscándolo.

Al cabo de un rato, decepcionado, salió de la habitación del Maestro y se fue a buscar a otra parte.

Cuando nuestra consciencia se expande, nos damos cuenta de que no somos meramente una individualidad. Nuestra consciencia transpersonal diluye ciertos límites para abrirnos a otros.



Entrenamiento en Gestalt, pag. 79

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