sábado, 24 de mayo de 2014

La Psicología de la Forma, "Gestalt-psychologie"

- Gestalt puede ser traducida como “Estructura, forma o configuración”.
- Es una escuela dedicada al estudio de los fenómenos perceptivos que desarrollaron los psicólogos Wertheimer, Kohler y Koffka en Alemania y que continuaron en Estados Unidos. Allí aplicaron la teoría del aprendizaje a los grupos (Kurt Lewin) y la personalidad.
- La Psicología de la Forma es una reacción contra la tendencia de las ciencias a descomponer en partes y estudiar los detalles aislados.
El asociacionismo postulaba que lo psíquico se construye a partir de elementos aislados y con ellos. “El todo es la suma de las partes”.
Los psicólogos de la forma empezaron a hablar de la captación de totalidades y las llamaron “gestalts”. Para ellos, “El todo es anterior a las partes y más que la suma de las partes”.
- Así, los psicólogos de la percepción le respondieron al elementalismo, pues los elementos aislados no suministran percepciones, y al asociacionismo pues, “no sólo son asociaciones los vínculos de conexión entre los elementos”.

Sus ideas básicas:
  • Lo primario es la organización y la totalidad, no los elementos aislados.
  • El todo es más que la suma de las partes.
  • Un cambio en la totalidad se traduce en un cambio en las partes y en sus relaciones.
  • Cada elemento de la totalidad tiene un valor en función de la estructura a la que pertenece.
Perls tomó algunos conceptos y los integró eclécticamente con otros conceptos de otras corrientes.
Dice: "Una Gestalt es una configuración, una forma, la forma particular en que se organizan las partes individuales que la constituyen. Su premisa básica es que la naturaleza humana se organiza en formas o tonalidades y es vivenciada por el individuo en esos términos y puede ser comprendida únicamente en función de las formas o tonalidades de las cuales se compone”.

Es decir, comprendemos la conducta de un individuo cuando vemos la totalidad de su situación.

Las principales leyes de la Psicología de la Forma son:


Aplicación de la leyes en la Terapia Gestáltica

Las dos más importantes que Perls tomó son la Ley de Figura-Fondo y la Ley de Cierre.

1. Ley de Figura-Fondo.
Todo objeto tiene una forma, es decir, límites que la diferencian de lo que no es. Esto determina un fondo que existe en nuestra captación, pero nuestra atención está en la figura, la forma que emerge con fuerza para atrapar nuestra atención.
Perls la usa como analogía del consciente-inconsciente. El Darse Cuenta enfocado -percibiendo- en una necesidad que antes era borrosa es la figura, el resto del organismo es el fondo. La Gestalt se forma con el organismo atendiendo sus necesidades en el medio que habita.
La alternancia de la figura y el fondo será aplicada también al concepto de neurosis. El neurótico no puede distinguir su figura más relevante y esto lo lleva a querer satisfacer simultáneamente dos necesidades, en vez de estar plenamente en el presente distinguiendo la principal figura emergente.
La autorregulación del organismo se vincula con las figuras que emergen del fondo, se satisfacen o agotan y vuelven al fondo dejando espacio a la aparición de la próxima. Este proceso de alternancia nunca se agota.
Cuando esta satisfacción de la necesidad que surgió como figura se interrumpe, por algún motivo, y el organismo se queda pendiente de completar su ritmo, aparece la Ley del Cierre.

2. Ley del Cierre.
La Psicología de la Percepción nos enseñó que tendemos a captar figuras completas aunque no lo estén. En un conjunto estructurado, el todo determina las partes haciendo que estas tiendan a completarse de cierta y determinada manera.
Cuando aplicamos esta ley al comportamiento humano, vemos la tendencia natural que tenemos a completar las situaciones. A veces, significa saciar un deseo. Otras veces implica poder expresar una emoción que generamos en nosotros.
Cuando podemos completar la acción o llegamos a la satisfacción, la figura se disuelve y retorna al fondo de la conciencia.
Es muy frecuente que surjan impedimentos a tal regulación natural. El organismo no se queda con la frustración y la reprime, enviándola al fondo como “situación inconclusa”. Este desajuste en la autorregulación puede ser duradero en el tiempo y dará lugar a comportamientos neuróticos, es decir, a falsos intentos de satisfacción de aquella "Gestalt inconclusa” interfiriendo con el Aquí y Ahora de la persona.
El trabajo terapéutico consiste en darle espacio a esa situación inconclusa, en el Aquí y Ahora, para que tenga la chance de expresarse y agotarse. Una vez cerrada, el organismo lo celebra con una profunda sensación de bienestar.
El objetivo de la Terapia Gestáltica no es el cierre de las situaciones inconclusas. Ellas son un medio para estar más presentes y en contacto con la situación actual. Cuanto más resuelvo mis conflictos infantiles, menos los proyecto en la vida adulta y en las personas que me rodean.

Dime qué percibes y te diré cómo existes

Es maravilloso poder nombrar a las cosas y de esa manera comunicar a las otras personas lo que queremos decir. El uso de las palabras nos facilita el entendimiento y nos permite trasladarnos desde un nivel de experiencia hasta un nivel de comunicación y de conceptualización. Cuando mantenemos la conexión del mundo experiencias y el mundo simbólico, nuestro lenguaje es rico, intenso y presente.
El problema comienza cuando nuestro lenguaje descriptivo se transforma en sustitutivo y verdaderamente reemplaza a la experiencia; entonces nos perdemos en el mundo de las ideas.

Cuando un organismo sano se contacta con su entorno, produce reacciones emocionales y ajusta su conducta a la situación presente. Es decir, la reacción emocional adecuada se apoya en la percepción y se expresa adecuadamente en el ambiente. El vínculo sano se establece entre dos organismos que se captan sin interferencia, se respetan y se complementan.
Si la persona enlaza su sentir con su imaginario, genera una pseudorrealidad. Es decir, se cree como verdadero lo que está suponiendo y reacciona emocional y conductualmente sobre la base de lo que imagina. Comienza a llenarse de autojustificaciones y sus prejuicios y creencias sustituyen la experiencia sencilla de la realidad.
Cada situación es una experiencia a ser integrada. Aprendemos a conocernos a través de las situaciones que atravesamos. Somos parte de esas situaciones y si podemos conectarnos con lo que está sucediendo, poniendo entre paréntesis los imaginarios, sentiremos directamente en relación con nuestro entorno. La deformación será mucho menor. No será totalmente pura tampoco, pues nuestra cultura está filtrando los significados que damos. No podemos tener un contacto totalmente aséptico pero podemos relacionarnos, dentro del marco cultural, de una manera más sana y menos deformada por nuestras ilusiones.

Lo obvio y lo imaginario

Somos organismos vivos que vivimos en ambientes favorecedores de nuestra existencia: temperatura, atmósfera, entorno psicosocial. Cuando las condiciones de existencia son inferiores a cierto umbral mínimo, nos enfermamos o nos morimos. Los organismos que establecen mejor relación con el ambiente logran una mejor calidad de vida. En cambio, los que no la logran sufren y mueren.
El contacto con el medio ambiente es la función vital más elemental que tenemos para sobrevivir. Ese contacto se llama experiencia. Es sensorial, vital y siempre se da en el presente. Es una conciencia inmediata del entorno y la respuesta que damos, de aceptación o de rechazo. Esa respuesta es una creación ante lo novedoso de la experiencia en el aquí y ahora. Por lo tanto, es una respuesta creativa.
Las capacidades mentales -pensar, imaginar, planear, simbolizar, comunicar- son tan poderosas que nos pueden llevar a la “tiranía de lo nombrado”. Esto es: Lo que no tiene nombre no existe. Aunque lo estemos experimentando, aunque sea un sentimiento muy fuerte o una intuición clarísima, si no es conceptualizable, no existe.
Decía Alan Watts: “El problema básico de la civilización…radica en que confundimos nuestros sistemas de símbolos y descripciones con el mundo real y natural…el mapa con el territorio”.
Además, la conceptualización es subjetiva. Son distintas entre sí. Comenzamos a crear realidades de acuerdo a la subjetividad del que la está percibiendo. Cada conceptualización describe, acota, define, nombra la realidad desde la subjetividad. Si a esa conceptualización le llegamos a dar valor de verdad, entonces la discusión a muerte se vuelve inevitable, porque una de las lecturas de la realidad será verdadera y las otras serán totalmente equivocadas. (Cfr. Relato El Camaleón)
La relación con el entorno es experiencial y altamente contaminada con nuestras subjetividad. El contacto puro y aséptico no existe. Por lo menos, en nuestro estado ordinario de conciencia. Así que necesitamos los convencionalismos para poder comunicarnos. Llamamos “árbol” a ese ser vegetal que nos da sombra y “televisor” a esa máquina con pantalla. A esta descripción convencional la llamamos “lo obvio”. Es el consenso por los objetos, colores o por los movimientos que observamos. Por ejemplo, podríamos decir que “Pablo está sentado y rascándose la cara con la mano derecha” (si todos estuviéramos viéndolo desde el mismo ángulo). Esta percepción puede ser deformada por la imaginación, la capacidad de crear, de inventar supuestos, de crear significados o de asociar con otros significados. Entonces afirmamos “Pablo está rascándose la cara para contener su impulsos destructivos” y afirmar esta suposición como si fuera una percepción.
Es un problema muy grande cuando “lo imaginario” sustituye a “lo obvio” y lo es aún peor cuando no nos damos cuenta y lo transformamos en una verdad absoluta.
Construimos mundos imaginarios. Imaginamos historias y las repetimos tantas veces que nos parecen obvias. Nos encerramos en nuestras películas y reemplazamos la realidad por nuestras construcciones imaginarias.
Una distorsión muy común es la adjudicación de intencionalidades. Creemos saber las motivaciones ocultas del otro y desde ese supuesto leemos su conducta. Por ejemplo: “Él me hace estos pedidos para agredirme y descalificarme”. Si el otro intenta aclarar, “sabemos que está mintiendo” y confiamos más en nuestra hipótesis que en la percepción. Incluso, podemos llegar a este absurdo: “Si la realidad no encaja con mis moldes, la que está mal es la realidad”.
¿Y qué pasa con las reacciones emocionales?
No es lo mismo sentir en función de lo que está sucediendo que reaccionar en función de lo que me imagino que está sucediendo. No me causa el mismo sentimiento que Pablo se rasque la cara, a que Pablo se esté aguantando la bronca que me tiene. En el primer caso sentiré indiferencia y en el segundo, tal vez sienta temor o bronca.
Sobre la base de este sentimiento, mis acciones serán muy diferentes. Construimos cadenas de malos entendidos a partir de un imaginario que sustituye a la percepción.

Experimentos:
1.- “Es obvio que…Me imagino que”.
2.- PISH. Percibo, Imagino, Siento, Hago.
El ejercicio permite descubrir si lo que siente la persona está en relación con lo obvio o con lo imaginario.
En el circuito sano la persona se conecta con el entorno y sus imaginarios no interrumpen el contacto.
En el circuito neurótico la persona se conecta emocionalmente con sus imaginarios y se inventa estados emocionales desajustados a la realidad.
3.- PISH enlazados.

Análisis dinámico
- La percepción de la realidad está acotada al sector que recortamos cuando vocalizamos nuestra atención. Cuando la persona percibe sólo un segmento de la realidad -porque no puede alternar sus figuras-fondos- decimos que está ciega.*
Su percepción está restringida y condiciona su contacto a lo que percibe*. Cuando un aspecto del mundo está altamente cargado de estímulo, por agrado, rechazo o por temor, tendemos a seleccionarlo exclusivamente y a no percibir el resto de la realidad *.
Es muy importante abrirnos a la conciencia de lo que estamos evitando contactar. Nuestras evitaciones nos muestran áreas conflictivas que necesitan ser resueltas. Es tan importante lo que vemos como lo que dejamos de ver.
- Cuando la reacción emocional, que se produce naturalmente con la percepción del mundo, está bloqueada, no reconocemos nuestros sentimientos. Es un estado de apatía o de poco registro de emociones conocido como desensibilización. Es una estrategia para no sufrir, así nos desconectamos de nosotros mismos y limitamos nuestra capacidad de adaptación.
- La “ingenuidad” es la relación entre el imaginario y las reacciones emocionales. Cuando la persona confunde sus imaginarios los toma por reales, cuando su lugar es la creatividad o los proyectos.
Las imágenes que guardamos de nosotros, como si fueran un tesoro, nos condicionan nuestra relación con el mundo, pues reaccionamos en función de “lo que creemos que somos”, en vez de reaccionar en función de la experiencia novedosa en el aquí y ahora.
- El sentir y su expresión están conectados. Algunas veces la acción que expresa la carga emocional es impulsiva y no mide las consecuencias que produce. La sana relación del organismo con su entorno incluye la adaptación de sus expresiones al medio y la captación del impacto.
Otras veces, la represión es tan fuerte que la acción no guarda relación con el sentimiento que experimenta el organismo. Sus prohibiciones o temores le impiden legitimar su expresión y necesita trabajar este bloqueo.
- Una forma de autodescubrirnos:
     a) En la interacción con el mundo tenemos respuestas sensoriales y emocionales ante objetos o personas.
     b) Ligamos la respuesta al objeto o persona, llegando a pensar que ellos son la causa de nuestro sentir. Les otorgamos una carga emocional.
     c) Proyectamos nuestro sentir -subjetivo- en el objeto o persona. No nos hacemos cargo del sentimiento que nos pertenece. Creemos que es objetiva nuestra percepción.
     d) De esta manera sostenemos odios e idealizaciones en el tiempo, los justificamos o explicamos, y nos vamos convenciendo, día a día, de que el mundo es tal como lo percibimos.

     e) El camino es recuperar la propiedad del sentimiento en cada situación, en cada encuentro. Somos los protagonistas de nuestra vida, no víctimas. Me pregunto: “Esta emoción que estoy teniendo, ¿qué relación guarda conmigo? ¿Cómo la estoy produciendo? ¿Para qué la sostengo en el tiempo?”. 

Entrenamiento en Gestalt
pp. 46-70 

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