lunes, 7 de julio de 2014

El nudo en la sábana

“Es claro que, en nuestra sociedad un gran número de conflictos y sufrimientos tienen su raíz en la falta de comunicación o en una comunicación defectuosa. Puesto que la escuela es un lugar en el que entran los problemas y dificultades de la sociedad a través de los alumnos y los profesores, vemos conveniente curarse en salud y pensar el antídoto, a fin de evitar la intoxicación que provoca la convivencia insana. Para ello sugerimos una reflexión seria sobre la incidencia de la comunicación en nuestro vivir diario, y ver en ella el bálsamo que puede calmar, y tal vez evitar, mucho sufrimiento y dolor en las aulas”. (p.10)

“En un colegio se observó que bastantes alumnos presentaban problemas de atención, de rendimiento escolar y de conducta en el aula. Tras recurrir a las medidas habituales de actuación (avisos, tutorías, intervenciones del departamento de orientación…), se intuyó que la raíz de sus actuaciones provenía de unas vivencias familiares, sociales y personales que necesitaban poder comunicar en un clima diferente del que habitualmente reina en la escuela…Un experto en counselling constató que la causa de su comportamiento radicaba en problemas familiares, en desajustes sociales y en muchas dudas personales que anhelaban compartir con alguna persona adulta que les inspirara confianza y tuviera tiempo para escucharles”. (p.41)

En una junta de padres de familia de cierta escuela, la directora resaltaba el apoyo que los padres deben dar a los hijos. Ella entendía que, aunque la mayoría de los padres de la comunidad fueran trabajadores, deberían encontrar un poco de tiempo para dedicar y entender a los niños. También pedía que se hicieran presentes el máximo de tiempo posible.
Sin embargo, la directora se sorprendió cuando uno de los padres se levantó y explicó, de forma humilde, que él no tenía tiempo para hablar con su hijo durante la semana. Cuando salía para trabajar, era muy temprano, y su hijo todavía estaba durmiendo. Cuando regresaba del trabajo, era muy tarde, y el niño ya no estaba despierto. Explicó, además, que tenía que trabajar de esa forma para proveer el sustento de la familia. Dijo también que no tener tiempo para su hijo lo angustiaba mucho, e intentaba redimirse yendo a besarlo todas las noches cuando llegaba a su casa y, para que su hijo supiera de su presencia, él hacía un nudo en la punta de la sábana. Eso sucedía religiosamente todas las noches cuando iba a besarlo. Cuando el hijo despertaba y veía el nudo, sabía, gracias a él, que su papá había estado allí y lo había besado. El nudo era el medio de comunicación entre ellos.
La directora se emocionó con aquella singular historia y se sorprendió aún más cuando constató que el hijo de ese padre era uno de los mejores alumnos de la escuela.

Existen muchas maneras de hacerse presentes y comunicarse con otros. Aquel padre encontró la suya, que era simple pero eficiente. Y lo más importante es que su hijo percibía, a través del nudo afectivo, lo que su papá le estaba diciendo.
Algunas veces nos preocupa tanto la forma de decir las cosas que olvidamos lo principal, que es la comunicación a través del sentimiento.
Es válido que nos preocupemos por las personas, pero es más importante aún que ellas lo sepan, que puedan sentirlo. Para que exista la comunicación es necesario que las personas “escuchen” el lenguaje del corazón, pues en materia de afecto los sentimientos siempre hablan más alto que las palabras. (pp. 12-13)

Relación de ayuda en el ámbito académico
p. 10-13 

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