miércoles, 16 de julio de 2014

Empatía

- La actitud empática es la disposición interior…para captar bien lo que la persona en dificultades siente en su mundo interior, y percibir de ese modo las verdaderas necesidades, de tal manera que la relación de ayuda llegue a centrarse en la persona y no sólo en el problema en cuestión. El ayudado intenta ponerse a sí mismo entre paréntesis y adoptar el marco de referencia interior del interlocutor. Muy semejante a lo que sugiere la actitud fenomenológica.
- La actitud empática es un proceso con varias fases:
     + Fase de identificación con la persona y con su situación.
     + Fase de la repercusión.
     + Fase de la incorporación o autoobservación de aspectos comunes.
     + Fase de la separación o distanciamiento.
- La imagen del pozo puede resultar útil para comprender el significado de la actitud empática: la persona necesitada de ayuda está dentro de un pozo con el agua hasta el cuello y sin apoyarse; aunque el pozo tiene una escalera.
1. La primera tentación de los profesionales es de realizar intervenciones paternalistas o autoritarias, que se traducen en “asistencialismo relacional”, o en un lenguaje exhortativo. La tendencia a “echar cuerdas” ha de ser superada. “Echar cuerdas”, en términos relacionases, se traduce en dar soluciones, o bien en desdramatizar la situación consolando, o en expresiones moralizantes, o en regaños. Por ejemplo: “Usted no se preocupe…”, “Lo que tiene que hacer…”, “Hay otros que están peor”, “El tiempo todo lo cura”, “Es mejor que no piense en eso”, “Si usted no hubiera…”.
2. La actitud empática requiere "bajar al pozo del otro”, para comprender su situación. De este modo se le podrá acompañar en el proceso de identificación de recursos. El esfuerzo de identificación en sí mismo produce frutos. Es la fase de la repercusión. 
3. El docente descubre el impacto que tiene en sí mismo el contacto con la vulnerabilidad ajena y lee sus propios sentimientos. Experimenta un encuentro consigo mismo, con su vulnerabilidad, sus heridas, sus límites, su historia, sus miserias, sus pobrezas. Manejar esto sabiamente supone reconocerse “sanador herido”, es decir, ayudante vulnerable. 
4. Para evitar el "burn-out”, el ayudador ha de aprender a restablecer la distancia emotiva, afectiva, es decir, a salir del pozo ajeno para reencontrarse consigo mismo, para no vivir constantemente “fuera de sí”, centrado en el otro. En último término, tendrá que reconocer que el pozo es el problema del otro.
- El profesional ha de saber manejar estas fases de manera sincrónica; es decir, desde el momento que intenta "meterse en el pellejo ajeno”, debe cuidar su propio proceso, ser él mismo, mantener claridad en sus puntos de vista, para oportunas confrontaciones.
- El profesor, con una actitud empática, puede detectar pequeños problemas en clase que son como la punta del iceberg de un problema interior del alumno. Al profesor se le pide saber intervenir de manera especial, sin pretender hacer de psicólogo o pseudo-psicólogo.
- Un cuento puede ayudar a percatarse del significado de la actitud empática y de la necesidad de mantener un buen equilibrio en la implicación emotiva y afectiva del ayudado, de modo especial la necesidad de vivir sanamente la fase de separación.
“En el reino de las mariposas, una vez el rey vio algo que brillaba lejos. Entonces quiso saber de qué se trataba y envió a una mariposa para que investigara.
La mariposa fue, volvió y le dijo al rey: “Es la luz de una vela”.
Al rey no le dejó tranquilo tal respuesta, y envió a otra mariposa que se interesara más de cerca por aquello que brillaba.
La segunda mariposa fue, volvió con las patitas un poco quemadas y le dijo al rey: “Es la llama de una vela”.
El rey no se quedó tranquilo aún y envió a una tercera mariposa, la cual fue, pero no regresó. Sólo se percibió de ella el olor a chamusquina. La mariposa se había acercado demasiado al fuego que se había quemado”.
La empatía ¿se aprende?
Podemos decir que la aptitud empática es innata, la actitud empática se cultiva mediante la voluntad. 
La “agudeza empática” es la sensibilidad del ayudante al flujo de sentimientos y a la captación de significados del ayudado, así com las habilidades para comunicar esta comprensión de manera apropiada e inteligible por el ayudado.
La “agudeza empática” es la suma de la aptitud, más la actitud (trabajo de la voluntad) y del “flash” empático” (destello espontáneo de comprensión dependiente de cada uno).
La dimensión conductual de la empatía (dependiente del adiestramiento) se traduce en las habilidades de la escucha activa y la respuesta empática mediante la reformulación, la interpretación y la personalización.
- La Inteligencia Emocional está ayudando a comprender la importancia de la educación en la empatía y la relación de su ausencia con la delincuencia y con comportamientos antisociales.

Bermejo y Ribot
Relación de ayuda en el ámbito académico

pp. 23-40 

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