jueves, 17 de julio de 2014

Escucha Activa

- Está comprobado que la escucha tiene un poder curativo.
- El siguiente cuento puede ayudarnos a afinar nuestra capacidad de escucha:

“Un discípulo, antes de ser reconocido como tal por su maestro, fue enviado a la montaña para aprender a escuchar la naturaleza.
Al cabo de un tiempo, volvió para dar cuenta al maestro de lo que había percibido.
- He oído el piar de los pájaros, el aullido del perro, el ruido del relámpago…
- No -le dijo el maestro-, vuelve otra vez a la montaña. Aún no estás preparado.
Por segunda vez dio cuenta al maestro de lo que había percibido.
- He oído el ruido de las hojas al ser mecidas por el viento, el cantar del agua en el río, el lamento de una cría sola en el nido.
- No -le dijo de nuevo el maestro-, aún no. Vuelve de nuevo a la naturaleza y esúchala.
Por fin, un día…
- He oído el bullir de la vida que irradiaba del sol, el quejido de las hojas al ser holladas, el latido de la savia que ascendía por el tallo, el temblor de los pétalos al abrirse acariciados por la luz.
- Ahora sí. Ven, porque has escuchado lo que no se oye”.

- En un primer momento me fijo en los modales, a veces de mala educación, de mi interlocutor: su elevado tono de voz, sus palabras agresivas, etc.; un segundo momento sería cuando presto atención al mensaje de sus palabras; y un tercer momento sería cuando ya soy capaz de captar los sentimientos que hay detrás de sus modales, su tono de voz y sus palabras. Entonces escucho lo que quiere decir y no se oye, y desde dónde lo dice, desde la parte escondida del “iceberg” emotivo: rabias, temores, miedos, ilusiones, frustraciones, complejos, etc.

- La escucha es un fenómeno complejo. Carkhuff distingue tres tipos de escucha:
1. La atención física: postura física del ayudante, sentados formando un ángulo recto para poder mirarse, inclinación hacia adelante, brazos y manos sueltos, contacto visual frecuente. 
El objetivo fundamental es comunicar interés.
2. La observación: capacidad de percibir el comportamiento no verbal, observar la postura del cuerpo, observar la presentación del propio cuerpo y su constitución, observar el cuidado de sí, observar las expresiones del rostro, observar los movimientos del cuerpo y la manera de expresarse. 
El objetivo es captar el grado de energía, algunos sentimientos, la disponibilidad para implicarse en el proceso de relación, percibir algunas incongruencias.
3. La escucha propiamente dicha: captar el mensaje contenido en las palabras y en el paralenguaje, suspender el juicio, hace silencio intrapsíquico, centrarse en el ayudado y en el contenido (quién, qué, por qué, cuándo, dónde, cómo, inferir sentimientos y valores), atención a los temas repetitivos, captar el significado del tono de voz, la velocidad, las inflexiones…
El objetivo es comprender la experiencia personal y única del ayudado, es decir, cómo se percibe a sí mismo; cómo percibe a las personas implicadas; qué significado da a la situación, cómo influye su escala de valores y cómo ha sido construida ésta; en qué medida se defiende o se siente libre; etc.

Cuento: Ivar insatisfecho.
Sobre la importancia de la escucha.
Era una vez un islandés, Ivar, que se había convertido en poeta y cantante famoso en la corte del rey de Noruega, el cual lo estimaba mucho y le rodeaba de atenciones.
El hermano de Ivar, Thorfin, vivía también en la corte del rey, pero estaba descontento y envidiaba los privilegios que le concedían a su hermano, entre otras cosas porque veía que sus dotes no eran debidamente reconocidas.
Un día decidió regresar a Islandia. Antes de partir, Ivar le entregó un mensaje para Audney, una joven muchacha, a la que le pedía que no se casara con nadie, porque en primavera él mismo volvería a Islandia para casarse con ella. Thorfin partió.
Llegado a Islandia, conoció a Audney, trabó con ella una relación amorosa y se casaron.
Al comenzar la primavera, Ivar partió para su tierra natal. Cuando descubrió que su hermano se había casado con Audney, se sintió profundamente herido y amargado y se volvió desconsolado a la corte del rey.
Todos notaron su cambio: Ivar ya no cantaba. Un día le llamó el rey para enterarse de lo que le había sucedido, pero Ivar no se confió. El rey le preguntó:
-Dime, ¿te ha ofendido alguno de la corte?
-No, respondió Ivar.
-¿Crees -prosiguió el rey- que no se dan los honores que te corresponden?
-¡Oh, no! -comentó Ivar.
El rey reflexionó unos instantes y luego añadió:
-¿Quizá hay algo en este reino que desearías tener?
Una vez más, Ivar respondió negativamente.
Por fin el rey, imaginando que se podía tratar de algo más íntimo, murmuró:
-¿Hay por ventura, alguien a quien amas, por ejemplo, una mujer de tu tierra?
Ivar permaneció en silencio, y el rey comprendió que había puesto el dedo en la llaga.
-No te preocupes -lo tranquilizó-, tú sabes que yo soy el rey más poderoso de la región, y nadie tratará de oponerse a un deseo mío. Partirás con la próxima nave que zarpe para Islandia y llevarás una contigo una carta para los padres de esa mujer, a los que pediré que te den por esposa a su hija.
Ivar meneó la cabeza, diciendo:
-Es imposible, señor, porque ya está casada.
Hubo un momento de silencio, y el rey continuó:
-Entonces, Ivar, hay que pensar en alguna otra cosa. La próxima vez que visite las aldeas, las ciudades y los castillos de la región, vendrás conmigo. A lo largo del camino encontrarás a muchas mujeres fascinantes, y tal vez una de ellas satisfará los deseos de tu corazón.
-No, señor mío -respondió Ivar-, porque cada vez que veo a una chica pienso en Audney, y mi tristeza aumenta.
El rey prosiguió:
-Entonces te daré muchas tierras y mucho ganado, dedicarás tus energías a los negocios y el trabajo, y te olvidarás pronto de tu amor.
-No, señor mío -respondió Ivar-, no tengo ningún deseo de trabajar.
-Entonces -propuso el soberano-, te daré una gran cantidad de dinero, de modo que puedas viajar y visitar todo el mundo. Lo que veas y las experiencias que hagas te ayudarán a olvidar a la mujer de Islandia.
Ivar denegó otra vez:
-No tengo ningún deseo de viajar.
El rey se quedó contrariado por no poder hacer nada para eliminar la tristeza de Ivar. Se pasó un buen rato cavilando y, por fin, decidió hacer la última sugerencia:
-Ivar, hay todavía una pequeña cosa que puedo hacer por ti, si te puede servir de ayuda. Por la noche, después de cenar, quiero que te entretengas conmigo para hablarme de tu amor a esa mujer. Tómate el tiempo que quieras, yo estaré escuchándote.
Ivar aceptó la sugerencia.
Todas las noches, después de la cena, comenzaba a contar la historia de su amor y, al mismo tiempo, sentía renacer dentro de sí la alegría y el deseo de cantar. Yo volvió a ser el poeta y el cantante que todos conocían.
Al año siguiente encontró a una joven de Noruega, de la cual se enamoró, se casó con ella y vivieron felices. 

- Constatar cómo en diferentes ocasiones seguimos la misma dinámica del rey: tendencia a investigar, a tranquilizar, a dar soluciones…, y quizá también, a escuchar.


Relación de ayuda en el ámbito educativo
pp. 42-59 

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