martes, 18 de noviembre de 2014

Terapia Gestalt, Joan Garriga

Como gestaltista mi forma de hacer terapia individual no dista mucho de la forma de hacer terapia en grupo, ya que lo importante de mi trabajo se halla en mi manera de estar y en las actitudes y valores que evoco, vivencio y trato de potenciar: lo creativo, lo cómico, lo obvio y experiencial, lo friccional y lo compasivo junto con la humanidad.
 
+ La creatividad
Es la capacidad de observar casi como un niño, no interferida por los preconceptos, prejuicios o diagnósticos. Es como ver lo que hay ahí, más allá de lo que debería haber. me parece que tiene que ver con el desarrollo de la indiferencia creativa de la que hablaba Perls.
Si no hay intención de encontrar algo entonces aparece todo como relevante y genuino, uno atiende lo más mínimo.
A continuación uno se pregunta qué expresará esto en la persona, de qué asunto penetrante será manifestación.
La totalidad de la persona dispone de una sitaxis sumamente organizada, sin errores. Los errores los cometemos los terapeutas por nuestros déficits de observación y por tener hipótesis que tratamos de confirmar. Aunque es imposible no tener hipótesis, estar vacío de preconceptos, uno puede acercarse a eso. (Cuento del tuerto)
 
+ La comicidad
Mi propio carácter, mi propia estrategia defensiva conlleva la creencia de que nada es tan serio y real como para que te pueda llegar a tocar verdaderamente. Por otro lado una comprensión carnavalesca de la personalidad humana.
Observo cómo hacemos grandes gastos de energía por mantener una máscara, un rol y una visión del mundo sustentada en estereotipos, falacias y predisposiciones emocionales fijadas...Sin negar la historia de desamor y sufrimiento genuino que haya detrás en su origen, creo que un monto muy grande de sufrimiento es inútil y gratuito.
Trato de ver lo cómico y absurdo de nuestras pretensiones caracteriales tanto como las respeto profundamente.
"Gran parte del dolor que vivimos es falso...y el dolor genuino es menos común". Hay que distinguir entre sufrimiento y dolor. El sufrimento es la evitación del dolor genuino y el intento de permanecer en el falso yo. El dolor genuino es una vivencia susceptible sólo de hacerse presente en tanto haya implicación y entrega amorosa.
El humor y la perspectiva cómica facilitan el trabajo porque ofrecen permisos y una atmósfera de juego.
(No tomarse tan en serio).
 
+ La obviedad
Me refiero a la comodidad que experimento cuando la terapia circula por gestalts bien ancladas en lo experiencial, cuando tienen un soporte evidente en el cuerpo, en un gesto, en una sensación o bien una palabra o frase que "huele plena" y se manifiesta en el aquí y ahora.
Pongo mucho cuidado en distinguir las palabras plenas de las "huecas". Las primeras exponen a la persona y están cargadas de experiencia y representación interior, expresan y muestra a la persona. Las segundas la esconden, suelen mostrar formas de control sobre el otro, te adormecen. La Gestalt que tomo es "lo que me hacen" las palabras, no su contenido; para qué las está utilizando la persona, con qué fines, y cómo aprendió esto y cómo puede hacer nuevos aprendizajes.
Mi objetivo en la terapia es realzar lo obvio, permancer ahí, conectado con la realidad, y alejarme de las fantasías y las verborreas.
Para mí lo obvio es una Gestalt que es atendida, y una gestalt es una pauta, un cómo, un código que la persona utiliza para vivir y conseguir cosas, porque corresponde a su historia personal y sus aprendizajes, y si es importante, nació al hervor de una trama afectiva, y ahí se ancló.
 
+ Fricción
La fricción es parte integrante de una relación rica, y por tanto algo no sólo no evitable ni temible sino incluso promovible, siempre y cuando no sea gratuitamente, sino en un contexto con sentido. Recordemos la idea gestáltica del contacto como la apreciación de las diferencias.
Creo que las principales fricciones se producen cuando se cuestiona alguna presuposición nuclear de los esquemas de funcionamiento del paciente.
Me parece que acentuar lo fricional (emparentado con lo que en Gestalt llamaríamos frustración y confrontación) tiene que convivir con una gran dosis de contención, con la fe de que es un buen camino y mu especialmente con la actitud compasiva que me paree requisito necesario para que una fricción a provechosa terapéuticamente y no meramente una ristra de heridas sin sentido. La fricción no la entiendo sólo en la dirección de la agresión sino más generalmente en la dirección de esta zona de incomodidad y conflicto que sentimos cuando nos adentramos o adentramos al otro en espacios, vivencias y formas que no son las habituales.
No es posible una fricción útil si no está amparada y modulada por un sentimiento amoroso.
 
+ Compasión y humanidad
Los principales recursos del terapeuta son su humanidad y su capacidad compasiva, entendida la primera como aceptación incondicional de sí mismo y del otro, y la segunda como el desarrollo de una actitud que desea honestamente lo mejor para sí mismo y para el otro.
Para que haya cambio se requiere tomar posiciones que no encajen con los modelos del paciente y que rompan el status quo, y me parece que facilita este camino tener una visión más profunda del paciente, poder contactar con el foco de dolor del niño, con sus necesidades pendientes, y desde ahí abrir brechas y desembozar los asuntos pendientes que sostienen su problemática.
Pienso que en terapia tiene mucho valor la capacidad de contactarse (aún sea como actitud interna) con el niño sufriente del otro por la razón de que ofrece más opciones de evocación y respuesta y también sobre todo porque le va a facilitar al paciente el contacto con su fuente de dolor, a partir de cuya evitación edificó du máscara. "Es una empatía profunda con los zapatitos histórico con los que aprendió a caminar y de ahí emprender el vuelo de su identidad."
 
La humanidad la percibo muy relacionada con la convicción interior de hermanamiento con todos los seres vivos y humanos. Se manifiesta en el terapeuta en forma de honestidad, veracidad y transparencia y se podría identificar como el requisito de la congruencia formulado por Rogers.
En términos gestálticos es cuando el terapeuta se vuelve más organísmico y autoapoyado en su propia experiencia soltando las presiones de ser de otra manera. En suma, cuando no hay muchos cuentos que contarse ni falsedades a defender, uno se toma en cuenta por fin a sí mismo y esto que puede a veces no ser gran cosa, es experimentado por el otro como veracidad. Y efectivamente no es gran cosa, sólo humanidad compartida.
En esta descripción del valor de la humanidad está implícita una comprensión del oficio de terapeuta como viaje de exploración y autoconocimiento personal, alejada del modelo médico y técnico.
 
+ A modo de resumen se me ocurre relacionar estas actitudes y valores con metáforas de personajes que las pueden representar:
- Compasión. La figura de la Virgen María y por extensión el arquetipo genérico de la Madre.
- Humanidad. El hermano, que refiere igualdad, apertura, veracidad y un marchar al lado.
- Fricción. El padre quizá representado por Jesús que por amor no duda en denunciar la hipocresía y enfrentar a los extraviados del Reino de Dios (metáfora, a su vez, del verdadero yo o genuino ser).
- Lo obvio y experiencial. El marciano o niño inocente.
- Creatividad. El director de teatro o el poeta.
- Comicidad. La figura del payaso o cómico que hace aparecer el absurdo de cualquier situación.
Así pues, es el terapeuta alguien que se asienta sobre cuatro patas que encarnan los cuatro arquetipos familiares básicos: Madre, Padre, Hermano, Niño; más dos brazos, uno poético, artístico, escénico, creador de realidades y ebrio de magia y belleza y el otro comediante y farandulero.
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Joan Garriga

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