jueves, 8 de enero de 2015

Ser uno y ser dos

Cuenta una vieja historia oriental que cuando Dios creó al hombre y a la mujer lo hizo en un solo cuerpo, por lo que ambos desconocían el sentimientos de soledad y de carencia. Estaban juntos, fusionamos, completos, y eran felices. Pero pronto surgieron dificultades. A veces, el hombre quería caminar hacia el oeste y la mujer hacia el este. A veces, el hombre quería tumbarse a descansar y la mujer quería seguir caminando. Así que empezaron a pelear, hasta que un día pensaron: ¿no sería mejor separarnos? Entonces fueron a hablar con Dios y le dijeron:
- ¿Serías tan misericordioso de darnos dos cuerpos?
Y Dios, que efectivamente es misericordioso, estuvo de acuerdo. Y al hombre le dio un cuerpo de hombre, y a la mujer, un cuerpo de mujer.
Ambos se sintieron entonces muy felices con sus nuevos cuerpos. Cada uno podía avanzar en la dirección que quería, así que un día el hombre comenzó a caminar hacia el oeste y la mujer hacia el este. Pero cuando llevaban un rato caminando en direcciones opuestas sintieron un pellizco de desazón, pues se echaban de menos, y se dieron cuenta de que se necesitaban. De modo que desanduvieron el camino y corrieron a encontrarse de nuevo. Les sucedió lo mismo varias veces: cuando estaban juntos durante un tiempo, volvían a sentir la necesidad de caminar cada uno por su lado; pero, cuando lo hacían, sentían aquel malestar, por lo que desandaban el camino para encontrarse.
Así, dice la leyenda, llevan muchos años, y todavía no han conseguido resolver el asunto. Quieren pedirle a Dios que los ayude, pero no saben qué pedirle. Viven en tensión, en el anhelo de ser uno y en el anhelo de ser dos, en un conflicto no resuelto que forma parte ya de su naturaleza.

Joan Garriga
El buen amor en la pareja

pp. 173-174

No hay comentarios:

Publicar un comentario