domingo, 19 de abril de 2015

Telebasura, indicador de violencia


Actualmente hace correr mucha tinta el fenómeno de la telebasura, que hace de la agresión un espectáculo y un camino directo a la fama, y responde a criterios principalmente económicos y de audiencia, si bien en el fondo sigue obedeciendo a la más elemental de las motivaciones humanas: el deseo de ser alguien, de experimentar algún tipo de sensación de poder al precio que sea.
Hay que decir...que todo esto ocurre en los reality shows y los programas denominados telebasura, teleseries aparentemente inofensivas, de corte humorístico o familiar, que frivolizan problemáticas muy serias y pretenden provocar la risa mediante situaciones que no nos tendrían que hacer ninguna gracia. Sus contenidos son aveces tanto más violentos que los de la telebasura, aunque adopten formas bastante blandas o sutiles, y sería bueno que al menos los detectáramos y fuéramos conscientes de su gravedad.
...la actitud adecuada para hacerles frente no es necesariamente dejar de ver ciertos programas. No hay duda de que conocer las motivaciones a que responden, además de mantener una cierta distancia emocional y adoptar un criterio personal al respecto, convierten en inofensiva la telebasura y cualquier otro fenómeno similar.
Por otro lado, este fenómeno puede que tenga que ver con la poca madurez emocional de la sociedad y seguramente también con un profundo sentimiento de soledad, especialmente en el caso de las personas que son adictas a este tipo de programas, que viven sus emociones a través de terceros, que se sienten alguien contemplando las miserias de los demás o que simplemente se sienten acompañados por estos programas. De ahí que pensemos que la solución óptima está en más en educar a las personas, en ayudarlas a madurar emocionalmente, en generar en ellas ilusión, amor, confianza, oportunidades de actuar, de gozar de la vida y de las relaciones, de realizarse y sentirse útiles, de participar en proyectos, etc., que en prohibir o censurar la televisión.
Algunos de estos programas podrían orientarse hacia el conocimiento del ser humano y la mejora de la conviviencia si el tratamiento que se les diera fuera el adecuado, y se primara la calidad humana en lugar de potenciar la agresión y el escándalo, lo cual no tiene justificación ni siquiera aduciendo la libertad de escoger del telespectador.
Con todo, insistimos de nuevo en que la sociedad no va como va por culpa de estos programas, que son más bien un reflejo, un indicador o una resultante que una causa directa de la violencia.

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PP. 178-180

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