sábado, 21 de noviembre de 2015

Genética vs. Ambiente

"Si en la lotería genética le ha tocado un gen llamado 5HDT tiene muchas más posibilidades que el resto de sus vecinos de tener depresiones, pero sólo si además se dan determinadas circunstancias. Es decir, que nuestra conducta no está determinada indefectiblemente por nuestra condición genética. Pero, entonces, ¿quién tiene la culpa de que seamos como somos? ¿la suerte? ¿la mala suerte? o ¿nuestro sistema nervioso? Que a diferencia de los demás animales nos permite imaginar desgracias, y a veces imaginarlas todo el rato"
Eduardo Punset

¿Por qué haces esto? ¿por qué eres así? A lo largo de nuestra vida nos enfrentamos una infinidad de veces a estas preguntas o a sus variantes, sin embargo las respuestas no suelen ser sencillas ya que los seres humanos, sus relaciones y las relaciones con el entorno son uno de los sistemas más complejos que conocemos.

Una herramienta para resolver problemas complejos es el reduccionismo, que viene a ser: el descomponer un problema grande en pequeñas partes y acequibles, así intentamos explicar el todo empezando por sus partes. Una de estas claves para entender por qué somos como somos es la genética. Una cierta lógica nos dice que si hay un gen que explica el color de nuestros ojos, bien pudiera haber otro que explique por qué somos violentos. Coincidiendo con la secuenciación del genoma humano fuimos testigos del auge del determinismo genético; para cada uno de nuestros rasgos, incluyendo los del comportamiento, existiría un gen. Según estas teorías, los seres humanos seríamos poco más que máquinas automáticas guiadas por las instrucciones de nuestro genoma.

Afortunadamente estas ideas tan reduccionistas quedan desacreditadas por una sencilla observación: nuestro entorno influye en nuestra más íntima biología, y a través de ella influye en nuestro comportamiento. El viejo adagio: "Yo soy yo y mi circunstancia", vuelve a estar de una rabiosa actualidad. Así, si la altura media en España ha aumentado 15 cms. en una generación, no es tanto que haya individuos con genes para ser más altos, sino porque la alimentación durante la infancia ha mejorado sensiblemente.

A su vez, sabemos que nuestra mente, con sólo pensar, puede influir en nuestro cuerpo. ¿Por qué, si no, permanecemos despiertos al estar nerviosos, o bajan nuestras defensas si estamos deprimidos? A veces, lo que necesitamos es sólo un pensamiento para cambiar el funcionamiento de cada una de nuestras células, y al revés, el estado de nuestro cuerpo puede determinar cómo nos sentimos o cómo nos comportamos. ¿Alguien ha oído hablar de esos días críticos antes de la regla?

No sólo nuestro cuerpo, también factores como el lugar donde vivimos o dónde y cómo crecemos influyen en rasgos muy complejos de nuestro comportamiento. Cosas como, ¿qué imagen tenemos de nosotros mismos? o ¿qué postura adoptamos frente a la vida?, tienen una gran influencia de la cultura donde crecemos. A su vez, esta cultura está muy determinada por el lugar en el que se ha gestado. Siempre se ha asumido la diferencia entre el carácter mediterráneo y el nórdico, o que para un esquimal el mundo no es el mismo que para un nómada del desierto.



Los seres humanos somos un rompecabezas inmensamente complejo, en el que el significado de su sistema global no se puede deducir de cada uno de sus componentes, por muy bien que los conozcamos. La parte fácil es conocer cuáles son las piezas, lo difícil es hacer que encajen todas.

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