martes, 24 de mayo de 2016

El mito de Sísifo


Camus recurre a la figura mitológica de Sísifo, quien fue tan astuto que pudo engañar a Tanatos; por ese motivo fue condenado a cargar con una piedra desde lo profundo del infierno por una ladera empinada, pero antes de alcanzar la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo; para volver a empezar de nuevo y así por la eternidad.
En este diálogo imaginario entre los autores, como lo decíamos en la introducción, Camus se pone de pie y pregunta a Frankl: ¿la vida vale la pena?, ¿por qué entonces algunos prefieren quitársela?, ¿cómo es la relación entre el pensamiento y la acción del suicida?, pues "el gusano se encuentra en el corazón del hombre". El que se mata confiesa que la vida lo supera o no la entiende, que "no vale la pena", que el sufrimiento es inútil (Cfr. Frankl).
"En un universo privado de ilusiones y de luces, el hombre se siente extranjero", está desterrado, ha perdido la esperanza de la tierra prometida. Esta situación provoca el absurdo, para el que el suicidio es la solución. Cree que negarle un sentido a la vida equivale a declarar que la vida no vale la pena de ser vivida.
Frente a lo absurdo surge un día el "por qué". El cansancio de la vida maquinal inaugura un movimiento de la conciencia, la cual decide si continuar en la inconsciencia o despertar definitivamente. El cansancio o lasitud es bueno pues pone en aviso a la conciencia de la presencia de lo absurdo. Sartre la llama la "náusea", es decir, la pantomima que los hombres realizan sin sentido y que vuelve estúpido cuanto los rodea.
Analizando la vida del hombre constatamos algunas consecuencias de los descubrimientos absurdos como: que todo verdadero conocimiento es imposible. Sólo podemos enumerar las apariencias, este espesor y extrañeza del mundo es lo absurdo. La humanidad que vive como si no supiera que va a morir, el alma no se deja percibir en el cuerpo inerte. Reduce todo pensamiento a lo antropomórfico. El pensamiento no puede descubrir en los fenómenos las relaciones eternas y la ansiada felicidad eterna. Ni siquiera puede decir se sí mismo que se conoce y por lo tanto será un extraño para sí mismo. Y volvemos al principio…el hombre como Sísifo están viviendo una vida que no llega a su fin, una vida sin sentido, una vida absurda.
Parece que nunca como hoy se ha atacado tanto a la razón y su incapacidad para dar explicaciones claras y suficientes a los hombres. Ante el caos, la nostalgia y lo absurdo, termina toda lógica de la existencia.
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-     Camus, Albert. El mito de Sísifo, Alianza Editorial, pp. 13-42.


Antología IPH 

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