sábado, 4 de junio de 2016

Hans-Georg Gadamer


Gadamer nació el 11 de febrero de 1900 y murió el 13 de marzo del 2002. Abiertamente anti-nazi, se comprometió durante un buen tiempo a un debate abierto con Habermas, e intentó mantener otro similar con Derrida. Fue discípulo y amigo cercano de Martin Heidegger, de quien recibió sus principales influencias. Entre sus obras traducidas al español se encuentran: “Verdad y Método” considerada su obra principal, editada originalmente en 1960 y con una segunda parte editada en 1986; “El Estado Oculto de la Salud”; “El Giro Hermenéutico”; “Mito y Razón”; entre otros.

Gadamer es considerado uno de los principales exponentes de la Hermenéutica: rama de la Fenomenología que consiste en realizar interpretaciones de textos buscando alcanzar un significado lo más cercano posible al originalmente propuesto por el autor de los mismos.

Podemos ver fácilmente como estos estudios pueden resultar útiles para la psicoterapia. Si tomamos en cuenta que toda persona que busca la ayuda de un terapeuta le presenta a éste una narrativa de su ser y su existencia, la investigación conjunta (del cliente con su terapeuta) de dicha narrativa, puede apoyarse de la hermenéutica de Gadamer para realizar un mayor y mejor acercamiento a la realidad del diálogo que se presenta, y que constituye la base de la conversación terapéutica.

Desde el punto de vista de este filósofo, la aplicación popular de la fenomenología (que suele ser de la fenomenología husserliana) fallaría desde su base al intentar realizar una epoche (suspensión        o puesta entre paréntesis de la actitud natural de transferir significados precedentes a la experiencia actual es decir, el intento de evitar que cualquier juicio o prejuicio interfiera en nuestra comprensión del fenómeno estudiado) antes de poder describir y comprender la realidad que intentamos conocer, en este caso las experiencias de una persona o grupo de personas.

Siguiendo a Heidegger, quien se distanció del que había sido su maestro (Husserl) entre otras cosas por considerar que no es posible “poner entre paréntesis al mundo”,  Gadamer creía que resulta imposible no interpretar: siempre interpretamos, incluso cuando desconocemos o negamos que lo estamos haciendo. Como estableció en su clásico texto, la verdad y el método están profundamente ligados, al grado que no podemos pensar uno sin el otro. Esto significa que cada vez que intentamos comprender la verdad de algo, el método que sigamos para alcanzar nuestro objetivo influenciará de manera importante aquella verdad que lleguemos a conocer. De hecho, en el momento mismo de la percepción estamos realizando ya una interpretación es decir, aquello que percibimos resulta ser en realidad un reflejo de la forma específica como solemos ser y estar-en-el-mundo.

Todos pertenecemos a una cierta sociedad y cultura que nos conforma y moldea a la vez que nosotros participamos de su co-construcción. Por ello, para Gadamer no cabe neutralidad ni autocancelación ante un texto. Aplicando estas ideas a la psicoterapia, diríamos que no resulta conveniente que el terapeuta intente ser “neutral” ante su cliente, ni tampoco que  autocancele sus propias reacciones, pensamientos o emociones ante su cliente o las experiencias que éste le narra. Sería más conveniente reconocer que es imposible no realizar una cierta traducción de su narrativa simplemente en nuestra forma de escucharle. Únicamente reconociendo este hecho fundamental podemos llegar a una conversación en la que se reconozca el encuentro presente entre un Yo y un Tú.

Ante cualquier narrativa (o en otras palabras, ante cualquier experiencia que nos narre un cliente), no podemos evitar relacionarnos con la misma incorporando nuestras opiniones previas y prejuicios. De hecho, es un resultado de la ilustración este intento por alcanzar un “conocimiento objetivo”, libre de prejuicios sobre un fenómeno observado. Sin embargo, uno de los principales avances de la fenomenología es el reconocimiento de que tal acercamiento “puro” resulta imposible. Se puede decir que la ilustración nos trajo “un  prejuicio contra los prejuicios”.

La invitación de Gadamer resulta útil  sobre todo a la psicoterapia de orientación relacional (como es el caso de algunas perspectivas existenciales), ya que si un terapeuta desea establecer un diálogo y encuentro  genuino con su cliente, bien podría empezar por reconocer que no puede no interpretar lo que éste le cuente, y que de hecho la narrativa del cliente ya es una serie de interpretaciones a un conjunto de experiencias y fenómenos. Partiendo de esta realidad, en vez de negar los prejuicios presentes, la conversación terapéutica puede centrarse también en el análisis conjunto de dichos prejuicios e interpretaciones que, después de todo, constituyen una de las bases fundamentales de lo que somos: nuestra historia, cultura y redes relacionales que conforman el sustento mismo de nuestro ser.

Yaqui Andrés Martínez
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