jueves, 15 de septiembre de 2016

El albañil

Un maestro albañil ya entrado en años estaba listo para retirarse. Por lo que se acercó a su jefe y le comentó sus planes de abandonar el negocio de la construcción a fin de descansar, llevar una vida más placentera y disfrutar de su familia. Él iba a extrañar su cheque mensual, pero necesitaba retirarse.

El jefe lamentaba que su buen empleado fuese a dejar la compañía y le pidió si podría construir una sola casa más, sólo una, como un favor personal. El maestro albañil accedió, aunque no del todo convencido, pues pensaba que esta construcción lo retrasaría en sus planes.

Así que, no de muy buena gana, inició la construcción de la casa que le estaba pidiendo su jefe. Se veía fácilmente que estaba molesto, que no estaba poniendo el corazón en su trabajo, como lo había hecho siempre. Utilizaba materiales de inferior calidad, y por la poca supervisión, el trabajo estaba resultando deficiente. Era una manera desafortunada de terminar su carrera.

Cuando el maestro albañil terminó su trabajo, su jefe fue a verificar la casa y recibir el trabajo; al verla terminada, volteó a donde estaba su empleado y mirándolo a los ojos, extendió su mano y le entregó las llaves de la puerta principal: “Ésta es tu casa”, le dijo, “es un regalo de la compañía para ti”.


¡Qué pena! ¡Qué tragedia! El maestro albañil no lo podía creer. Si tan sólo hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, la hubiera hecho de manera totalmente diferente.

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