lunes, 5 de septiembre de 2016

La proyección

Un tipo llama al médico de cabecera de la familia:
—Ricardo, soy yo: Julián.
—Ah, ¿qué dices, Julián?
—Mira, te llamo preocupado por María.
—Pero, ¿qué pasa?
—Se está quedando sorda.
—¿Cómo que se está quedando sorda?
—Y si, viejo, necesito que la vengas a ver.
—Bueno, la sordera en general no es una cosa repentina
ni aguda, así que el lunes tráemela al consultorio y la reviso.
—Pero, ¿te parece esperar hasta el lunes?
—¿Cómo te diste cuenta de que no oye?
—Y... porque la llamo y no contesta.
—Mira, puede ser una pavadita como un tapón en la
oreja. A ver, hagamos una cosa: vamos a detectar el nivel de la
sordera de María: ¿dónde estás tú?
—En el dormitorio.
—Y ella ¿dónde está?
—En la cocina.
—Bueno, llámala desde ahí.
—MARIAAA... No, no escucha.
—Bueno, acércate a la puerta del dormitorio y grítale por
el pasillo.
—MARIIIAAA... No, viejo, no hay caso.
—Espera, no te desesperes. Toma el teléfono inalámbrico
y acércate por el pasillo llamándola para ver cuándo te escucha.
—MARIAA, MARIIAAA, MARIIIAAAA... No hay caso, doc.
Estoy parado en la puerta de la cocina y la veo, está de espaldas
lavando los platos, pero no me escucha. MARIIIAAA... No hay
caso.
—Acércate más.
El tipo entra en la cocina, se acerca a María, le pone una
mano en el hombro y le grita en la oreja: ¡MARIIIAAAA!

La esposa furiosa se da vuelta y le dice:
—¿Qué quieres? ¡¿QUE QUIERES, QUE QUIEREEEES?!,
ya me llamaste como diez veces y diez veces te contesté ¿QUÉ
QUIERES?... Tú cada día estás más sordo, no sé por qué no
consultas al médico de una vez...

—Esto es la proyección, Demián, cada vez que veo algo que me
molesta en otra persona, sería bueno recordar que eso que veo,
por lo menos (¡por lo menos!) también es mío.
Bueno, sigamos con lo tuyo... ¿qué me decías de los caprichos
de Gabriela?...

Recuentos para Demián
pp. 90-92 

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