domingo, 2 de octubre de 2016

El equilibrio de los roles

A menudo escuchamos el siguiente tipo de comentario: “Deseo atender y disfrutar a mi familia, y tener éxito en mi carrera. Sin embargo, mi compañía cree que no tomo con seriedad la idea de progresar si no trabajo en la oficina desde temprano hasta muy tarde y durante los fines de semana.
Cuando llego a casa me siento agotado. Tengo más trabajo para hacer y ninguna energía o tiempo para brindar a mi familia. Sin embargo, me necesitan. Hay que reparar bicicletas, leer cuentos, ayudar en las tareas del hogar, conversar sobre distintos asuntos. Y yo los necesito. ¿Qué es la calidad de vida si no implica pasar tiempo con las personas que más se ama?


Y ni siquiera incluí mis otros roles. Deseo ser un buen vecino y colaborar en la comunidad. Además necesito algo de tiempo para mí, para hacer ejercicio, leer, meditar de vez en cuando… Me siento tironeado en tantas direcciones, no sé qué hacer… ¡Y todas son importantes!”

Dedique unos momentos a revisar los roles que desempeña cada día, en su vida. ¿Qué piensa de estos roles? En el mundo occidental, la mayoría estamos programados desde temprana edad para considerarlos como “compartimientos” separados de la vida. Por ejemplo: asistimos a diferentes cursos en la escuela, con distintas materias y diversos textos, estudiando biología e historia, pero nunca se nos cruza el pensamiento de que exista algún tipo de relación entre ambas. Consideramos que nuestro rol laboral está totalmente separado del rol familiar y que ninguno tiene mucha relación con roles como el del desarrollo personal y el servicio comunitario. Como consecuencia, pensamos en términos de “disyunción”, podemos centrarnos o en un rol o bien en otro.
Esta división en compartimientos se traslada al carácter. Lo que somos en el trabajo difiere de alguna manera de lo que somos en nuestro hogar. Lo que hacemos en la vida privada está separado de lo que hacemos en la vida pública. Y así es como vivimos nuestra vida: fragmentada. Los roles nos impiden vivir y disfrutar de nuestros dones.

La manera como vemos un problema es el problema. Esta división en compartimientos se basa en la ilusión; en esta “disyunción” radica el desequilibrio.

La respuesta, “en busca del equilibrio”, se fundamenta en la sinergia que se genera de los roles entre sí. En la interrelación que coexiste en ellos y entre ellos. En realidad, estos roles, nuestros roles existenciales, forman parte de un conjunto sumamente interrelacionado, un ecosistema vivo donde cada parte influye en la otra. Gandhi comenta: “Un hombre no puede actuar de forma correcta en una sección de la vida, mientras se ocupa de forma incorrecta en otra. La vida equivale a un todo indivisible”. Se es el mismo en un rol que en otro. Nada cambia. Este paradigma, más holístico, es fundamental y esencial para el logro del equilibrio entre la vida y la salud.

Tomado de la web

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