domingo, 12 de febrero de 2017

Terapia Gestalt en palabras de Jorge Bucay


Es una terapia al servicio de comprender lo que te está pasando en cada momento. Una terapia destinada a abrir brechas entre tus máscaras, para dejar salir cada vez más al verdadero ser que eres.
Una terapia, de alguna manera, única e indescriptible, porque está armada sobre la estructura de dos personas únicas e indescriptibles que somos tú y yo; y que han acordado, por ahora, prestar más atención al proceso de crecimiento de una de ellas: tú.
Una terapia que no cura a nadie, porque reconoce que sólo puede ayudar a algunos a que se curen a sí mismos. Una terapia que no intenta producir ninguna reacción, sino solamente actuar como un catalizador capaz de acelerar un proceso, que se hubiera producido de todas maneras con o sin terapeuta.
Una terapia que (al menos con este terapeuta) se parece cada vez más a un proceso didáctico, y en fin, una terapia que jerarquiza más el sentir que el pensar, más el hacer que el planificar, más el ser que el tener, más el presente que el pasado o el futuro.

Partimos de la idea de no investigar el origen de los sufrimientos (psicoanálisis), ni elegir conductas para saltear ese sufrimiento (conductismo); más bien la tarea se centra en establecer qué está pasando con esta peculiar persona que está en consulta y para qué está ella en esta situación.

La ventaja es que no son terapias tan largas como el psicoanálisis, ni tan cortas como las neoconductistas; una terapia de este modelo transcurrirá en un lapso de seis meses a dos años. Sin tener la profundidad ortodoxa, genera una buena dosis de autoconocimiento y un buen nivel de manejo de los propios recursos.

Anida el peligro de promover en los pacientes, aunque sea por un rato, la idea de una filosofía de vida indolente y liviana, una postura de "vivir el momento" que no tiene nada que ver con el "presente" que estas escuelas plantean, el que por supuesto admite y requiere muchas veces de la experiencia y de los proyectos de vida.

Recuentos para Demián
pp. 64-65, 68-69 

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